El secreto de su plano

El director argentino Juan José Campanella ganó el Oscar en 2009 por El secreto de sus ojos. El film no tiene desperdicio, es un derroche de talento en todas las vertientes posibles. Pero vamos a centrarnos un poco en el apartado de dirección.  Concretamente en la escena del estadio. Spoiler: Los protagonistas están buscando a un Sospechoso, no encuentran su pista. Entonces uno de ellos en un ejercicio de empatía resuelve cómo encontrarlo: a través de su pasión. Un hombre nunca podrá cambiar de pasión. En este caso es un equipo de fútbol, deporte que en Argentina tiene un acervo especial. Para trasladarnos esta pasión, Campanella rueda un plano secuencia sorprendente que abarca desde una vista aérea inicial sobre el estadio con un partido en juego, pasando por el graderío abarrotado de hinchas, hasta nuestra pareja protagonista que está buscando al Sospechoso en uno de los fondos del estadio. Al estar editado sin cortes (ojo, decimos editado porque el plano tiene varios trucos) uno se sumerge en el ambiente de la hinchada, consiguiendo trasladar la pasión al espectador. La cámara es uno más entre ellos gritando y animando. La pareja protagonista encuentra al Sospechoso justo cuando el equipo local mete gol. La grada, de pie, lo celebra y ellos lo pierden.

A partir de aquí empieza la persecución por los vomitorios, pasillos y los servicios. En otro alarde técnico y humano, la cámara salta con el sospechoso una altura de 5 metros y cae a pie de campo. Aún sigue siendo el mismo “plano” (no lo he encontrado entero en internet, si alguien lo hace que me lo mande). El Sospechoso entra en la cancha con el tobillo lastimado por la caída y en el borde del área es apresado por la policía.

El resultado de este plano secuencia es sobrecogedor. Si algún espectador andaba despistado o bostezando queda atrapado en el acto. Pero así como en Sed de mal hablábamos de un trabajo artesanal, en este caso hemos de añadir el prodigio de la técnica. No hay ningún corte evidente por el paso de la cámara tras una columna, una puerta o una espalda, tipo La soga de Alfred Hitchcock, pero sin embargo existen,  ¿cuántos cortes crees que hay en la secuencia? En los extras del dvd nos explican cómo lo han hecho.

Sin contar plano-contraplano, pues solo contaban con 150 extras para hacer de hinchas y tenían que moverlos según el campo de luz que rodasen, salen 5 cortes.

1) Del helicóptero- general estadio- a la grúa- protagonistas se miran entre sí buscando sospechoso en grada.

2) De la grúa a cámara al hombro- protagonistas andando entre la grada. Encuentran Sospechoso y avalancha tras gol y Sospechoso se va por vomitorio.

3) Desde choque Sospechoso con hincha en vomitorio- hasta choque con otro hincha en pasillo estadio. Todo cámara al hombro.

4)  Cámara al hombro a arnés- Sospechoso salta a pie de campo perseguido por policía y protagonistas. Espectacular caída.

5) Arnés a cámara e hombro. Persecución Sospechoso por el campo de fútbol.

No vamos a caer en la trampa de opinar qué plano es mejor, si el de Welles o el de Campanella. Cada uno ha usado los mejores medios a su alcance para su realización: ambos son espectaculares. Éste que analizamos, a mi juicio, sigue siendo un plano secuencia aunque se haya empalmado en postproducción, porque el resultado final es una toma continua. Más bien un alarde. Una muestra de que la tecnología bien usada es creíble y proporciona continuidad a una escena, que con los medios de 1958 hubiera sido imposible realizar. Cabe eso sí, lastimarse al pensar qué podría rodar Welles con la tecnología actual.

En el cine todo es mentira. Ya habéis visto los planos y el making of, sabéis que solo había 150 extras y que el plano secuencia tiene cortes. Ahora echad un ojo a esto. Incluso lo que ves sigue siendo mentira. Esto es El secreto de sus ojos.

 

 

 

El cine mejor sin cortes

La vida se vive como un plano secuencia excepto cuando nos vamos a dormir que funde a negro. Vivimos sin cortes, sin plano-contraplano, sin un máster que nos sitúe en un contexto, sin planos recursos, ni picados, ni contrapicados o grúas. Siempre estamos en un plano de vista subjetivo, el nuestro. Nuestros ojos, la cámara, nunca son objetivos. Enfocan y desenfocan lo que queremos ver, sea o no consciente. Y eso cansa. Pero el cine nos descansa. Algunos magos nos introducen en un universo en el que vemos lo que ellos quieren que veamos en el momento que lo desean. Y lo hacen a tiempo real, en un plano continuado de la acción. Esto se llama plano secuencia. Este tipo de narración requiere de una planificación exhaustiva en la que los movimientos se ensayan una y otra vez hasta que fluyen. Es como una coreografía, en ocasiones de cientos de personas que interactúan a la vez. Como se puede suponer, es muy complejo de realizar y puede llegar a resultar desesperante, cuando después de varias tomas y horas de rodaje no se ha conseguido una sola toma válida. Eso sí, una vez se salva el plano ofrece resultados maravillosos e inquietantes.

Orson Welles abrió su película Sed de Mal (Touch of Evil, 1958) con este magistral plano secuencia. Fue su canto de sirena en EE.UU. De hecho, solo pudo rodar la película por el empeño de Charlton Heston en que la dirigiera, puesto que los productores se oponían a contratarle.

Atended al movimiento fluido de la grúa que empieza en un primer plano de la bomba, que genera tensión porque sabemos que explotará (el hombre activa el temporizador antes de guardarla en el maletero) y el seguimiento a la pareja protagonista (el plano secuencia acaba en un plano medio de los actores).  Genera dos puntos de atención máxima. Y ahora revisad los más de 3 minutos que hay entre ambos extremos. La sincronía de movimientos de grúa;  subidas, bajadas, cambios de foco, los cambios de planos de sonido según el punto de vista de la cámara, la música que añade impaciencia, la cantidad de extras que entran y salen de escena. Es un trabajo artesanal, sobre todo si pensamos que estamos en el año 1958 y que no existen las técnicas de postproducción y retoque digitales. El plano no está estabilizado, ni se han suavizado las leves correcciones de cámara que el operador se ha visto obligado a hacer. Y no importa. Es posiblemente el mejor arranque de la historia del cine, aunque nadie le haga caso a la Chica Rubia que oye un “chicken noise” en su cabeza.

Dust my broom

Esta es la primera versión grabada por Elmore James del himno Dust my broom (grabado en Jackson, Mississippi en 1951). Como todas las canciones de blues, no se compuso para sentirse mejor sino para que el oyente se sienta igual de jodido que el compositor. Eso es empatía direccional, si es que el término existe.  El señor James es  el rey de la slide guitar. Tras luchar en la II Guerra Mundial, en la batalla de Guam contra los japoneses, regresó a Mississippi, donde fue diagnosticado de una anomalía grave del corazón. El bueno de Elmore empezó a trabajar en la tienda de reparación de radios de su hermano adoptivo. Fue allí, jugando con los amplificadores y su guitarra donde creó el sonido distorsionado, crudo y afilado que caracteriza el blues más cortante. Porque Dust my broom disecciona y desgaja el alma. Fue un pionero que llevó la guitarra hacia una nueva dimensión. Grabó para Trumpet Records algunos hits, aunque éste fue su gran éxito. Intentó defender su carrera en la carretera pero su débil corazón le mandaba a casa más herido cada vez. Sobrevivió a dos ataques al corazón. Mientras, siguió grabando singles y dedicado a la tienda de reparación de radios.  Hasta que el tercer ataque pudo con él a la edad de 45 años. Ahora cobra más sentido el verso que canta con especial determinación en la última estrofa de esta canción y que sin duda es el momento más emocionante de este blues (“I believe my time ain´t long”). Dedicado a todos los barrenderos de la materia y las almas.


Dust my broom                                                             Escuchar Dust my Broom

I’m gettin’ up in the mornin’
I believe I’ll dust my broom
I’m gettin’ up in the mornin’
I believe I’ll dust my broom
I quit the best I’m lovin’
Now my friends can get in my room

I’m gonna write a letter, telephone every town I know
I’m gonna write a letter, telephone every town I know
If I don’t find her in West Helena
She be in East Monroe I know

I don’t want no woman
Who wants every downtown man she meets
I don’t want no woman
Who wants every downtown man she meets
Man, she’s a no good doney
They shouldn’t allow her on the street yeah

I believe, I believe my time ain’t long
I believe, I believe my time ain’t long
I ain’t gonna leave my baby
And break up my happy home.

Un gran poema no es el fin

CARNE AL ROJO

“Camarada, esto no es un libro; quien toca esto toca a un hombre”. Walt Whitman

Cada átomo tiene un perfume. En el caso de Walt Whitman, los átomos son Hojas de hierba. Su obra dedicada a la vida. Vida, casi cuarenta años por delante, dedicada a este canto antropocéntrico. A sus adiciones, acabados, remates y borrones. A pulir su densa alma en luminosos poemas fugaces cuyos destellos permanecen donde las imágenes reales lo hacen, en el núcleo del átomo.

Porque Whitman publicó los primeros poemas de su libro en 1855 y ya no hubo nada más. Cada respiración, cada paso, cada latido posterior son un verso, una palabra, una sílaba. Las letras son su residencia perpetua. Gracias a ellas se expresa una voz única. Un meteoro que apura la copa de la conciencia a sorbos gigantes. Como si no hubiese un mañana ni un hoy ni un ayer. Como si el hombre fuese el ser más hermoso sobre la tierra y el tiempo no importase. Porque el alma es inmortal y como tal la celebra. El vigor de la poesía de Whitman es tal, que se considera que la poesía genuina norteamericana nace con él, y los bardos posteriores son continuación de su genio. Nada queda fuera de su alcance. La dimensión vital se contiene en su brillante verso libre.

No es Whitman el prototipo de hombre versado con una educación exquisita. Su caso es paradigmático. Sólo completó la escuela primaria. Sus herramientas para la composición las adquirió en la escuela más famosa del mundo: la calle. Se ganó la vida de muy diversas maneras. Fue carpintero, enfermero de hospitales, director de un periódico, entre otros. Sus lecturas no seguían ningún orden aparente salvo el de su gracia. Su fuerte contacto y unión con la naturaleza hizo el resto.

Este “experimento” en palabras del propio Whitman es la aportación fundacional de la poesía en América del Norte. Así como el blues y el jazz son la contribución musical a la cultura global. Algún día, cuando la que hoy es primera potencia mundial deje de serlo, y la perspectiva del tiempo permita una mirada al pasado, se reconocerán estos tres elementos como parte de la herencia que Estados Unidos donó a la sociedad. Precisamente es dentro del marco de la sociedad, la del siglo XIX, en la que hay que entender esta obra. Es la definición de un hombre y de un país que deja de ser una colonia. Es independiente, tanto uno como otro. Es libre del dominio inglés y quiere demostrarlo cantando.

Walt Whitman ha servido de inspiración durante el pasado siglo XX a muchos escritores. Federico García Lorca le cantó en Oda a Walt Whitman del libro Poeta en Nueva York. Y en otras latitudes literarias tan diversas como T.S. Eliot, Pablo Neruda, Jorge Luis Borges o Walcott se puede sentir su influencia. “Un gran poema no es el fin, es más bien el principio” escribió. En su caso el principio de la eternidad, donde brilla como un sol en lo alto, con la carne al rojo.

Publicado en www.diariosigloxxi.com el 19 de abril de 2011

El vacío imperfecto

Fernando Pessoa fue en contadas ocasiones Fernando Pessoa, a juzgar por sus escritos. El baile de su persona a menudo le arrimó a otra voz con la que expresarse. Cogido al azar cualquiera  de sus heterónimos, con los que presentaba a través de otro su literatura, se advierte en seguida su lucidez aplastante, su capacidad reflexiva y evocadora, la enorme sombra de cada palabra, que se alarga triunfante sobre la mente del lector. Fruto de su apasionado trabajo es el legado de uno de los grandes poetas del siglo XX donde, sin embargo, se advierte un fondo amargo. La oscuridad latente del que asomado al abismo decide avanzar consciente por rutas desconocidas. Una sima de saudade donde Pessoa era el centro del vacío. Porque en ese concepto indefinido en castellano que encierra el término portugués saudade, se erigió como capitán de la causa. Aunque quizá cometió un error. Dentro de su enorme facultad habitaba el propio Pessoa. Tras su conocimiento versado, su intelecto preparado y su prosa analítica, tras toda su energía del desasosiego, quería seguir siendo de los demás.

PESSOA

La literatura de la dualidad del hombre se remonta al Dr. Jekyll y Mr. Hyde de Stevenson, aunque en esta obra la ruptura de la continuidad del ser conlleva numerosas frustraciones para su personaje. Caso contrario al de Pessoa, que parece sentirse muy cómodo cambiando de camisa. Realmente disfrutaba los privilegios que suponen inventar una voz. Un nuevo comienzo, sin un bagaje que arrastrar y por el cual responder, no hay ataduras, todo empieza. Emana libertad de pensamiento transmitida a la pluma, que tampoco siente el peso de una historia o de unas expectativas. El escritor luso siempre está desmarcado de su anterior yo, el reflejo en el espejo es un poema en blanco, tabula rasa sin cuerpo y sin mente. Sólo cáscara informe y en fisonomía Pessoa era un doctor.

En vida sólo publicó el poemario Mensaje, aunque se puede encontrar su obra ensayística y periodística salpicando numerosas publicaciones de la época. De hecho, dirigió varias revistas con escaso éxito, y es considerado el creador de los movimientos portugueses de vanguardia. A pesar de lo cual, trabajó toda su vida como traductor de correspondencia comercial. Aunque realmente fue corresponsal de sí mismo. Criado en Sudáfrica, dominaba el inglés, idioma en el que empezó a desdoblarse, buscando en la lengua anglosajona parte de sí mismo. Desde joven se entregó con profusión partiéndose fuera de su identidad. Esa fractura marcó siempre su creación. Sus diversas sombras siempre le siguieron. Su inquietud le impidió conseguir atársela como procuraba Peter Pan. Algunas de sus voces incluso se elevaron para criticar su propia obra heterónima. Inventó su círculo de amistades, sus biografías. Entre ellos, Ricardo Reis, Alberto Caeiro, Álvaro de Campos y Bernardo Soares. Pudo ver la vida a través de sus ojos, conocer la verdad desde diversos ángulos, reveló la existencia varias veces en posiciones sociales, políticas y estéticas a veces contrapuestas, pero siempre lúcidas, fieles a su recorrido poético.

Pessoa miró el mundo de forma múltiple. Sospechaba ser muchos hombres como escribió Tabucchi. Parte de su enigma reside en esta composición. No fue un hombre notorio hasta su muerte. El reconocimiento llegó, como a muchos, una vez ya era imposible comunicárselo. Su generosidad, en cambio, sigue abriendo los brazos setenta y cinco años después de haberse quedado rígidos. Pues el descubrimiento de su obra inédita hace pocas fechas, habla del regalo que su particular carácter escribió para goce del resto. Es su descendencia. Pessoa continúa multiplicándose.

Publicado en www.diariosigloxxi.com el 9 de noviembre de 2010

Barco de papel

Tan fulgurante como una luciérnaga entre la hierba

Quién sabe si el último faro de la noche

Fluyeron mis romances en la corriente del río.

Hacia el baño de la luna corría mi único abrigo

Anhelando esa  marea que despejara su maltrecho

Esqueleto quebrado en mil despertares.

Los vi huir apoyado en la robusta savia que me adormecía

Mientras las venas frías jugueteaban más allá de mis pies

Allí flota en el honorable oleaje, fue su luz la que me alertó.

Un vacío me abrasaba como un fósforo encendiéndose

Contra mi piel. Se iba, se estaba yendo. La llama prendía

Primero amarilla y azul, parecía una conjunción de astros

Anunciando mi mortalidad. Luego intensa, la llama roja intensa

Ya abandonaba mi puerto, soledad, sobre un barco de papel.

Poema publicado en la Antología II Premio Orola, Ed. Orola, 2008. Autor: Luis López Ramírez

Lo que significa Wonder

Pues eso. Que un nick como “Wonder” ni se regala ni se aplica a cualquiera. No basta con ser bueno, hace falta ser un genio. Un talento sobresaliente capaz de todo, sobre todo en su lustro dorado de los 70. Cada disco de Stevie desde Music of my mind (1972) es una obra maestra que supera al anterior. Hablamos de Talking book, Innervisions, Fulfillingness’ first finale y Songs in the key of life (1976). Cinco discos en cinco años lanzados de manera consecutiva y donde alcanza cimas insondables del R & B y de la música en general. Stevie Wonder es un gran teclista y vocalista. 

Pero uno no es “Wonder” solo por esto. ¿Le has visto tocar la batería?

¿O soplar la armónica?

Es cierto que sin el éxito de Marvin Gaye y su What´s going on? (1971) la Motown no hubiese accedido a las pretensiones creativas de Stevie, pero una vez lo hizo la autopista que abrió permitió que el siguiente trailer de la discográfica de Detroit arrasara en todos los frentes. Ese diablo sobre ruedas era un tal Michael Jackson

Pero, si después de esta ráfaga de infantería te has quedado con ganas de más, es que eres un wonderiano de primera y mimas tus oídos como solo tú sabes hacerlo. Si ese es tu caso, estás en el lugar indicado, porque te dejo con las 2 horas de  su concierto en Rio de Janeiro, en el popular Rock in Rio, del año 2011. Una auténtica barbaridad de directo que incluye versiones de clásicos del pop y la bossa nova y que indica la forma física en la que se encuentra Stevie: Esto es, hecho un toro. Espero que algún día podamos disfrutar de un espectáculo así en España.