El cine mejor sin cortes

La vida se vive como un plano secuencia excepto cuando nos vamos a dormir que funde a negro. Vivimos sin cortes, sin plano-contraplano, sin un máster que nos sitúe en un contexto, sin planos recursos, ni picados, ni contrapicados o grúas. Siempre estamos en un plano de vista subjetivo, el nuestro. Nuestros ojos, la cámara, nunca son objetivos. Enfocan y desenfocan lo que queremos ver, sea o no consciente. Y eso cansa. Pero el cine nos descansa. Algunos magos nos introducen en un universo en el que vemos lo que ellos quieren que veamos en el momento que lo desean. Y lo hacen a tiempo real, en un plano continuado de la acción. Esto se llama plano secuencia. Este tipo de narración requiere de una planificación exhaustiva en la que los movimientos se ensayan una y otra vez hasta que fluyen. Es como una coreografía, en ocasiones de cientos de personas que interactúan a la vez. Como se puede suponer, es muy complejo de realizar y puede llegar a resultar desesperante, cuando después de varias tomas y horas de rodaje no se ha conseguido una sola toma válida. Eso sí, una vez se salva el plano ofrece resultados maravillosos e inquietantes.

Orson Welles abrió su película Sed de Mal (Touch of Evil, 1958) con este magistral plano secuencia. Fue su canto de sirena en EE.UU. De hecho, solo pudo rodar la película por el empeño de Charlton Heston en que la dirigiera, puesto que los productores se oponían a contratarle.

Atended al movimiento fluido de la grúa que empieza en un primer plano de la bomba, que genera tensión porque sabemos que explotará (el hombre activa el temporizador antes de guardarla en el maletero) y el seguimiento a la pareja protagonista (el plano secuencia acaba en un plano medio de los actores).  Genera dos puntos de atención máxima. Y ahora revisad los más de 3 minutos que hay entre ambos extremos. La sincronía de movimientos de grúa;  subidas, bajadas, cambios de foco, los cambios de planos de sonido según el punto de vista de la cámara, la música que añade impaciencia, la cantidad de extras que entran y salen de escena. Es un trabajo artesanal, sobre todo si pensamos que estamos en el año 1958 y que no existen las técnicas de postproducción y retoque digitales. El plano no está estabilizado, ni se han suavizado las leves correcciones de cámara que el operador se ha visto obligado a hacer. Y no importa. Es posiblemente el mejor arranque de la historia del cine, aunque nadie le haga caso a la Chica Rubia que oye un “chicken noise” en su cabeza.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s