El lado débil de las musas

Los buenos poetas son capaces de sugerir imágenes en la mente del lector a medida que sus versos jalonan la lectura. Los grandes, simplemente proyectan miradas. Mientras los primeros marcan un territorio más o menos intenso, los segundos tienen una cierta impostura que roza lo inimaginable y también lo imposible. Manejar ese límite los convierte en inmortales. Estoy releyendo la Poesía Completa (Visor) de Leopoldo María Panero, autor de una voz trascendente, hermosa y desagradable, eternamente herida. Si el destino hubiese diseñado un príncipe en quien volcar su genio, y además le hubiera dejado abierto un costado para que las musas participaran de su trabajo, se parecería bastante a este hombre que irrumpió en el mundo Por el camino de Swan, 1968. Esa es la fecha de su nacimiento literario, confirmado dos años después con apenas 22, por José María Castellet quien lo incluye en su antología “Nueve novísimos poetas españoles”.

Leopoldo María Panero junto a su madre Felicidad  Blanc y su hermano Michi. Fotograma extraído de la película El Desencanto (1976) dirigida por Jaime Chávarri

Su herencia genética estaba unida a la literatura siendo hijo de Leopoldo Panero y hermano de Juan Luis, ambos poetas. Su presente ya se teñía trágico con una temprana visita a la cárcel por militancia comunista y una esquizofrenia diagnosticada, que fue tratada con los métodos paliativos de la época, tan dolorosos como poco efectivos. Su talento sin embargo se mostraba lúcido, asentándose en un trono reservado para los elegidos que deciden mirar a ambos lados del camino, sabiendo de antemano la angustia que van a encontrar. Busca entre los excesos su alma o su sombra, a veces incluso su nombre. Excava la apariencia de su aura de maldito para someterse al poema, acto bajo el que supedita cualquier otra faceta vital. Su inconformismo le hace bucear tierra adentro para rescatar a la superficie aquellas miradas suyas serenas y alteradas, meditadas y ansiosas, con el fulgor en los ojos de un chiquillo ante una tienda de dulces. Todo por el poema.

La vida de Panero está llena de sombras, de internamientos en psiquiátricos como en Mondragón desde el que escribe uno de sus más célebres poemarios, funestas adicciones a las drogas y al alcohol, desordenes privados y públicos de todos los estilos, que le van privando poco a poco de autoridad sobre sí mismo. Salvo en su poesía, donde como al otro lado del espejo, se refleja lo intacto de su identidad por invisible. El vínculo material que se mantiene entre Panero y su reflejo es el poema que vuela hacia el lector como un síndrome exuberante, atractivo sí, pero manifiestamente marginal. Porque lo que ha visto es un mundo en nosotros, existente a pesar nuestro, que daña como mirar sin parpadeo la luz del sol. Su virtud incendiaria deslumbra como una tormenta solar que agita el espíritu iluminando aquellas regiones menos conocidas, quizá también menos conscientes. Su voluntad rompedora impele a quebrar todo lo ajeno a la espiral poética que enarbola. Su literatura es una protesta contra la vida porque no se parece a los poemas. Es un poeta único en las letras españolas, que una vez leído requiere una cura de desintoxicación hacia otros formatos más livianos y menos exigentes, para devolverte a un mundo más corriente entre los mortales.

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Tuve la fortuna de conocer a Leopoldo María Panero hace unos años, en una presentación de un libro suyo olvidable. Había salido del psiquiátrico de Las Palmas, en el que estaba interno de forma voluntaria, para el evento. Pude charlar con él unos minutos, apenas nos entendimos. Me firmo su Poesía Completa aunque soy incapaz de comprender su dedicatoria. Lo cierto es que su mirada quemaba, yo parpadeé y miré hacia otro lado, donde no estuvieran las musas que ya sonreían.

Publicado en www.diariosigloxxi.com el 1 de marzo de 2011

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Un gran poema no es el fin

CARNE AL ROJO

“Camarada, esto no es un libro; quien toca esto toca a un hombre”. Walt Whitman

Cada átomo tiene un perfume. En el caso de Walt Whitman, los átomos son Hojas de hierba. Su obra dedicada a la vida. Vida, casi cuarenta años por delante, dedicada a este canto antropocéntrico. A sus adiciones, acabados, remates y borrones. A pulir su densa alma en luminosos poemas fugaces cuyos destellos permanecen donde las imágenes reales lo hacen, en el núcleo del átomo.

Porque Whitman publicó los primeros poemas de su libro en 1855 y ya no hubo nada más. Cada respiración, cada paso, cada latido posterior son un verso, una palabra, una sílaba. Las letras son su residencia perpetua. Gracias a ellas se expresa una voz única. Un meteoro que apura la copa de la conciencia a sorbos gigantes. Como si no hubiese un mañana ni un hoy ni un ayer. Como si el hombre fuese el ser más hermoso sobre la tierra y el tiempo no importase. Porque el alma es inmortal y como tal la celebra. El vigor de la poesía de Whitman es tal, que se considera que la poesía genuina norteamericana nace con él, y los bardos posteriores son continuación de su genio. Nada queda fuera de su alcance. La dimensión vital se contiene en su brillante verso libre.

No es Whitman el prototipo de hombre versado con una educación exquisita. Su caso es paradigmático. Sólo completó la escuela primaria. Sus herramientas para la composición las adquirió en la escuela más famosa del mundo: la calle. Se ganó la vida de muy diversas maneras. Fue carpintero, enfermero de hospitales, director de un periódico, entre otros. Sus lecturas no seguían ningún orden aparente salvo el de su gracia. Su fuerte contacto y unión con la naturaleza hizo el resto.

Este “experimento” en palabras del propio Whitman es la aportación fundacional de la poesía en América del Norte. Así como el blues y el jazz son la contribución musical a la cultura global. Algún día, cuando la que hoy es primera potencia mundial deje de serlo, y la perspectiva del tiempo permita una mirada al pasado, se reconocerán estos tres elementos como parte de la herencia que Estados Unidos donó a la sociedad. Precisamente es dentro del marco de la sociedad, la del siglo XIX, en la que hay que entender esta obra. Es la definición de un hombre y de un país que deja de ser una colonia. Es independiente, tanto uno como otro. Es libre del dominio inglés y quiere demostrarlo cantando.

Walt Whitman ha servido de inspiración durante el pasado siglo XX a muchos escritores. Federico García Lorca le cantó en Oda a Walt Whitman del libro Poeta en Nueva York. Y en otras latitudes literarias tan diversas como T.S. Eliot, Pablo Neruda, Jorge Luis Borges o Walcott se puede sentir su influencia. “Un gran poema no es el fin, es más bien el principio” escribió. En su caso el principio de la eternidad, donde brilla como un sol en lo alto, con la carne al rojo.

Publicado en www.diariosigloxxi.com el 19 de abril de 2011

El vacío imperfecto

Fernando Pessoa fue en contadas ocasiones Fernando Pessoa, a juzgar por sus escritos. El baile de su persona a menudo le arrimó a otra voz con la que expresarse. Cogido al azar cualquiera  de sus heterónimos, con los que presentaba a través de otro su literatura, se advierte en seguida su lucidez aplastante, su capacidad reflexiva y evocadora, la enorme sombra de cada palabra, que se alarga triunfante sobre la mente del lector. Fruto de su apasionado trabajo es el legado de uno de los grandes poetas del siglo XX donde, sin embargo, se advierte un fondo amargo. La oscuridad latente del que asomado al abismo decide avanzar consciente por rutas desconocidas. Una sima de saudade donde Pessoa era el centro del vacío. Porque en ese concepto indefinido en castellano que encierra el término portugués saudade, se erigió como capitán de la causa. Aunque quizá cometió un error. Dentro de su enorme facultad habitaba el propio Pessoa. Tras su conocimiento versado, su intelecto preparado y su prosa analítica, tras toda su energía del desasosiego, quería seguir siendo de los demás.

PESSOA

La literatura de la dualidad del hombre se remonta al Dr. Jekyll y Mr. Hyde de Stevenson, aunque en esta obra la ruptura de la continuidad del ser conlleva numerosas frustraciones para su personaje. Caso contrario al de Pessoa, que parece sentirse muy cómodo cambiando de camisa. Realmente disfrutaba los privilegios que suponen inventar una voz. Un nuevo comienzo, sin un bagaje que arrastrar y por el cual responder, no hay ataduras, todo empieza. Emana libertad de pensamiento transmitida a la pluma, que tampoco siente el peso de una historia o de unas expectativas. El escritor luso siempre está desmarcado de su anterior yo, el reflejo en el espejo es un poema en blanco, tabula rasa sin cuerpo y sin mente. Sólo cáscara informe y en fisonomía Pessoa era un doctor.

En vida sólo publicó el poemario Mensaje, aunque se puede encontrar su obra ensayística y periodística salpicando numerosas publicaciones de la época. De hecho, dirigió varias revistas con escaso éxito, y es considerado el creador de los movimientos portugueses de vanguardia. A pesar de lo cual, trabajó toda su vida como traductor de correspondencia comercial. Aunque realmente fue corresponsal de sí mismo. Criado en Sudáfrica, dominaba el inglés, idioma en el que empezó a desdoblarse, buscando en la lengua anglosajona parte de sí mismo. Desde joven se entregó con profusión partiéndose fuera de su identidad. Esa fractura marcó siempre su creación. Sus diversas sombras siempre le siguieron. Su inquietud le impidió conseguir atársela como procuraba Peter Pan. Algunas de sus voces incluso se elevaron para criticar su propia obra heterónima. Inventó su círculo de amistades, sus biografías. Entre ellos, Ricardo Reis, Alberto Caeiro, Álvaro de Campos y Bernardo Soares. Pudo ver la vida a través de sus ojos, conocer la verdad desde diversos ángulos, reveló la existencia varias veces en posiciones sociales, políticas y estéticas a veces contrapuestas, pero siempre lúcidas, fieles a su recorrido poético.

Pessoa miró el mundo de forma múltiple. Sospechaba ser muchos hombres como escribió Tabucchi. Parte de su enigma reside en esta composición. No fue un hombre notorio hasta su muerte. El reconocimiento llegó, como a muchos, una vez ya era imposible comunicárselo. Su generosidad, en cambio, sigue abriendo los brazos setenta y cinco años después de haberse quedado rígidos. Pues el descubrimiento de su obra inédita hace pocas fechas, habla del regalo que su particular carácter escribió para goce del resto. Es su descendencia. Pessoa continúa multiplicándose.

Publicado en www.diariosigloxxi.com el 9 de noviembre de 2010

Barco de papel

Tan fulgurante como una luciérnaga entre la hierba

Quién sabe si el último faro de la noche

Fluyeron mis romances en la corriente del río.

Hacia el baño de la luna corría mi único abrigo

Anhelando esa  marea que despejara su maltrecho

Esqueleto quebrado en mil despertares.

Los vi huir apoyado en la robusta savia que me adormecía

Mientras las venas frías jugueteaban más allá de mis pies

Allí flota en el honorable oleaje, fue su luz la que me alertó.

Un vacío me abrasaba como un fósforo encendiéndose

Contra mi piel. Se iba, se estaba yendo. La llama prendía

Primero amarilla y azul, parecía una conjunción de astros

Anunciando mi mortalidad. Luego intensa, la llama roja intensa

Ya abandonaba mi puerto, soledad, sobre un barco de papel.

Poema publicado en la Antología II Premio Orola, Ed. Orola, 2008. Autor: Luis López Ramírez

Van a por nosotros

El humor puede ser inteligente. Debe serlo si quieres provocar algo más que la carcajada sonora pero hueca. Si la intención es producir ejercicio en el cerebro una de las mejores opciones es el dúo catalán Accidents Polipoètics por cosas como esta: 

O esta otra en la que se analiza el soltero español al detalle. Pocos sociólogos pueden ejercer un análisis más concienzudo sobre el hombre ibérico.

Este 18 de octubre de 2012 los Accidents presentarán su libro “Van a por nosotros” en la Casa América.