Veinte años sin Erice

Víctor Erice no volverá a dirigir una película de cine. Esta frase puede convertirse en realidad. Han pasado veinte años desde El Sol del Membrillo. El vizcaíno nunca ha sido un director prolífico. Más bien al contrario, su ritmo de rodaje se sitúa en una película por decenio. Así tenemos El Espíritu de la Colmena (1973), El Sur (1983) y la citada, de la que se cumple el vigésimo aniversario, en 1992. Es cierto que no ha estado parado y ha participado en largometrajes comunes como Ten Minutes Older (2002) junto a directores tales como Win Wenders, Bernardo Bertolucci, Jean-Luc Goddard, Aki Kaurismaki o Jim Jarmusch por citar algunos. Esta y otras colaboraciones más recientes 3.11 Sense of Home (2011) o Histórias do Cimena (2012) dan buena cuenta de que no vive apartado de la necesidad de contar historias. Parece que sigue con ánimo y pulso narrativo, pero estas pinceladas saben a poco. Queremos más Erice. ¿Por qué no hay un plato principal, en vez de estas raciones? Que sí, que comer de tapas está muy bien, pero es un ejercicio sin riesgo para un director de su calidad. Puede bordar 10 minutos de cine (ver enlace al final del post). Ya lo sabemos y nos encanta. Lo que demandamos es que se meta en los fogones y haga del cine una experiencia inolvidable, un deleite. Que se embarre, sienta la presión y saque toda su pasión. Esa que solo ve la luz cuando el ser humano está al límite y aflora de modo inconsciente. Roberto Bolaño llamaría al cortometraje ejercicio de esgrima. Sirve de entrenamiento para un gran maestro pero no es un combate. El combate de un cineasta se llama largometraje.

No voy a entrar a valorar el papel jugado por el productor Andrés Vicente Gómez en la fallida adaptación al cine de la novela de Juan Marsé El Embrujo de Shanghai. Tuve oportunidad de leer el guión escrito por Erice y publicado por Plaza & Janés y también de ver la película dirigida por Fernando Trueba. Entrar en comparaciones es absurdo pues si un guión y su película posterior a veces no guardan parecido alguno, como para tratar de comparar un guión no rodado con una filmación de otro guión aunque se basen en la misma obra literaria. Es perder el tiempo.  Además, este triste episodio ocurrió en la segunda mitad de los noventa, ya ha llovido para iniciar aquí otro lamento, aunque Erice empleara tres años entre guión y preproducción. Tampoco quiero caer en defenestrar a otro productor, Elías Querejeta, en lo que parece fue un problema de financiación a la hora de desarrollar El Sur en su totalidad. Tal fue la acogida del metraje editado que pese al compromiso de Querejeta de retomar la producción, se decidió no seguir rodando. Erice no lo ha olvidado. Aún así, hay que recordar que Querejeta le dio la oportunidad de hacer cine y produjo su filmografía hasta los noventa. Por tanto a pesar de sus discrepancias con diversos productores españoles, éstas no parecen suficientes para apartarlo de la dirección de películas. Además en otros países como en Francia, Erice está muy bien considerado. De hecho El Espíritu de la Colmena se reestrenó en salas comerciales hace unos años y El Sur fue coproducido con Chloe Productions (Francia). No se antoja imposible que consiguiera algo de financiación en el país galo y compartir gastos. Tiene que haber algo más. Un mar de fondo que esté agitando las aguas. O no.

Víctor Erice tiene 72 años. Habrá hecho su buen dinero en publicidad y televisión, donde se refugiaba entre película y película (entre década y década es lo mismo). No tiene ninguna necesidad de embarcarse en un nuevo “marrón” de sacar un proyecto adelante con la que está cayendo. Ha hecho su vida y en su maleta van tres películas que están en La Historia del Cine. Son pocas sí pero las iniciales están en mayúscula. Eso amigos, no lo puede decir cualquiera. Igual no quiere cagarla. Puede pensar que es muy fácil que le salga mal la siguiente y con ella manche su historial sin mácula. Que precisamente lo complicado es acertar y ensamblar una historia rica, emocionante y eterna. Estaría en su perfecto derecho de acomodarse y decidir no arriesgar. Sería prudente en términos estadísticos, pero Erice no es estadista, es un poeta visual, un creador de sueños, un fantasista. Erice no se acomoda, innova. Esta presente en museos, en exposiciones, películas corales, etc, y además en 2007 dijo esto en El País.

Resumo: “…ahora tengo un guión escrito y quiero realizarlo en condiciones industriales normales, sólo que yo pienso ser co-productor. Nadie sabe mejor que un cineasta dónde y cómo hay que gastar el dinero”.                             

Si queríamos añadir algún matiz al misterio, aquí tenemos el último botón.  O el penúltimo porque en 2010 mientras es jurado en Cannes redunda en lo mismo en una entrevista exclusiva: que le gustaría rodar una película convencional. Lo que sacamos en claro es que Erice tiene un guión escrito que le convence hasta el punto de querer rodarlo. Y que no encuentra la financiación que necesita para llevarlo a cabo a su gusto. No creo que la historia sea un Avatar por decirlo claramente. Sus películas nunca han contado con un presupuesto elevado sino que han sido realizadas en condiciones económicas precarias en algunos casos, como El Espíritu de la Colmena o El Sur, citada más arriba.

Sus productores siempre han recuperado lo invertido. No se habrán hecho millonarios pero no han perdido pasta, lo que no nos engañemos en importantísimo. Y además han ganado prestigio. Porque una película de Erice está más allá. Y tras veinte años, con una pequeña campaña promocional tienes taquilla asegurada: “El regreso de Erice”, “La vuelta del hijo pródigo”, etc. No hay que olvidar el recibimiento que se hizo a Terrence Malick y La delgada línea roja tras, curiosamente, veinte años de ausencia frente a las cámaras. El púbico devora con ansiedad y curiosidad estas historias. Aunque la película fuera mala se vendería sola. Recapitulando desde el punto de vista de un productor: “Invierto mis euros en una película que según todos los precedentes será una éxito de crítica y no funcionará mal en taquilla. No perderé dinero y podré acudir a las entregas de premios o las reuniones de la fapae molando un mazo porque he producido a un director de culto y estoy vivo para contarlo”. No suena mal pero no se cumple. Aún queda oscuridad en esta historia.

Tampoco sería suficiente hablar de que sus rodajes son un infierno, que las tomas son infinitas y su grado de perfección es tal que exaspera al equipo artístico y técnico. ¿Más que Stanley Kubrick o Terence Davies? Aunque así fuera, los argumentos anteriores justificarían incluso que fuera un tirano en el rodaje. El calificativo de director de culto es aplicable también a actores y técnicos que por trabajar con él harían (haríamos, permitidme soñar) lo necesario. Cabe un argumento más aunque espurio. Y es que los productores que han leído este manuscrito no hayan quedado satisfechos hasta el punto de meter su dinero en el proyecto. Asumiendo que el guión tendrá una carga poética y literaria importante, incluso desde el punto de vista del productor más materialista este razonamiento carecería de sentido. Porque como decíamos con anterioridad una campaña de publicidad previa a la distribución o, qué carajo,  simplemente anunciarlo y dejar que la noticia corra como la pólvora, sería suficiente para atraer a masas a las salas y eso significa dinero, vértice del negocio.

 Entonces, ¿qué sucede para que un director de contrastada trayectoria como Erice, cuyas tres películas han recibido galardones en los más prestigiosos festivales como Cannes o San Sebastián, no dirija ningún largometraje en veinte años y que a pesar de tener un guión blindado no se ruede? Me temo que un poco de todo lo anterior. Erice tiene trabajo. Cuenta historias de forma mínima rodando lo que le da la gana, acompañado solamente por un técnico de sonido. Es el proyecto Memoria y Sueño, ahora está más cerca de ser un documentalista, al estilo de Frederick Wiseman por ejemplo, y se divierte. Mata el gusanillo. Así que mientras no aparezca un productor realmente entusiasmado por su guión y esté decidido a apostar por él, Erice no piensa meterse en los fogones por respeto a él mismo y al público. Si vuelve será con sus condiciones. Mientras tanto habrá que conformarse con los ejercicios de esgrima del maestro.